«Vengo insistiendo el deseo, queridos mayores, de ponerme en diálogo con vosotros para dar gracias a Dios por los dones y oportunidades que Él nos ha concedido en abundancia, consciente de que vosotros miráis las cosas de la vida de forma sabia y prudente. Mi pensamiento y mi palabra se dirigen con afecto a todos, queridos mayores, laicos, religiosos y sacerdotes. También a quienes se mueven en vuestro entorno, siempre he querido a los mayores y me siento siempre deudor a ellos. De ellos aprendemos todos la ciencia de la vida, la «gramática» de nuestra existencia«.






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