Pocos autores espirituales como el de esta obra y de muchas otras, Marcelino Iragui, corredor de miles de caminos de Oriente a Occidente, creador del movimiento intercesor «Manos alzadas», etc., para enseñarnos con experiencia y sencillez a conjugar el verbo interceder. Interceder (del latín inter y cedere) significa posicionarse entre, mediar, intervenir para solucionar un problema. En el mundo de la oración cristiana significa hacer de puente entre Dios y los hombres, convertirse en canal de doble dirección, por el que las aspiraciones de los hombres suban a Dios y la gracia divina fluya a los hombres. La alabanza y la intercesión: sus dos alas para volar en el espíritu.






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